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DOMINGO V "A" - Potosí, 05/02/23

Is 58,7-10: Si compartes tu pan con el hambriento..., entonces brillará tu luz como la aurora

Sal 111: Para los buenos brilla una luz en la tinieblas

1Cor 2,1-5: Me presenté ante ustedes débil, temeroso y vacilante

Mt 5,13-16: Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo

Las lecturas de hoy recalcan nuestro privilegio de ser la sal de la tierra y la luz del mundo. Por ser un privilegio, conlleva una gran responsabilidad:

Vivir la dimensión misionera de nuestra fe,

que consiste en:


1. Ser moralmente superiores. Esa es nuestra antorcha y nuestra dignidad. De ahí las palabras de Jesús para nosotros: "ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo". Tenemos la misión de ser sal (pulcritud, honestidad, valores, principios, buenas costumbres, con la cual evitamos que la humanidad se pudra) y ser luz (testimonio, ejemplo de vida, ejercicio de autoridad, administración de justicia, para evita que el mundo se vuelva gris, oscuro, ilegal, confuso, etc.) para los demás, con nuestras palabras y acciones.


2. Usamos palabras de Paz y Bien. Un profesor fue a un Karaoke de lujo. En la puerta de entrada, solían estar unas muchachas guapísimas. Al verlas, a una de ellas, el profesor le hizo un piropo: ¡hola preciosa! La muchacha le contestó: gracias profe.

Cuidado con tus palabras. Somos católicos y franciscanos. Hemos de atenernos a la consecuencias de lo que eso significa, porque nadie nos ha obligado a serlo. Nosotros lo hemos elegido.

Por tanto, ha de primar los buenos modales, el saludo, la consideración, el respeto y las palabras de paz y bien.


3. Realizamos acciones honorables. El pintor Eufranor, se encontraba ultimando algunos detalles en su cuadro. De pronto le visitó el rey Honoc. El pintor, al verlo, impresionado y sorprendido por la presencia de su majestad, dejó caer el pincel. Pero, sucedió que el rey, antes de que cayera al suelo, logró cogerlo. Entonces el artista exclamó: Señor, ¿de dónde merezco yo que su merced me honre? El rey le contestó con un sonrisa: Yo soy rey de mis vasallos, vos sois rey de los pintores. El pintor se llenó de gozo por los elogios del rey y, éste, se sintió grande al realizar una acción tan honorable.

Donde sea que vayamos y estemos, como católicos y franciscanos, hemos de realizar acciones honorables para el bien de nuestros hermanos/as. Es nuestro distintivo personal y fraterno.
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