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DOMINGO XXXIV - “C”, Potosí - 20/11/22

Sm 5,1-3: Tú apacentarás a mi pueblo Israel y tú serás el jefe de Israel

Sal 121: ¡Vamos con alegría a la casa del Señor!

Col 1,12-20: En Cristo, Dios nos hizo participar en la herencia luminosa de los santos

Lc 23,35-43: Éste es el rey de los judíos

En la 1ª lectura, le dicen a David: “Tú apacentarás a mi pueblo Israel y tú serás el jefe de Israel”. En la 2ª, Pablo les dice: “en Cristo, Dios nos hizo participar en la herencia luminosa de los santos”. En el Evangelio, dice Jesús: “Éste es el rey de los judíos”. De este preámbulo, extraemos 3 ideas para nuestra vida:

1. El silencio. El silencio de Jesús es la perla más preciosa. A veces es mejor callar… Pero al silencio de Dios nosotros contestamos con indiferencia. Nuestra indiferencia es el mar de ruido que hemos inventado. Un mundo que no quiere oír el llanto de Dios. Hoy es Cristo Rey. Ve donde un crucifijo y dile: perdón Señor… Porque el Rey les dirá: “cada vez que lo hicieron con uno de estos, mis humildes hermanos, a mí me lo hicieron”. Nuestra recompensa está en el cielo para reinar con Él.

2. El bautismo. El rey Luis XVI de Francia había sido destronado y encarcelado. Se llevaron a su hijo. Quisieron destruirlo moralmente. Le expusieron a todo lo perverso, sucio y vil. Estaba expuesto a la tentación (placeres y lujurias) bajo presión, durante seis meses. Al final le preguntaron: ¿por qué no accediste? Todas era tuyas. El príncipe contestó: No puedo hacer lo que me piden; yo nací para ser rey. Por el bautismo somos un “pueblo de reyes, asamblea santa, pueblo sacerdotal. Pueblo de Dios, bendice a tu Señor”. Somos herederos del linaje escogido.

3. La santidad. En mi pueblo, había dos personas que se llamaban Waldo. Uno de ellos, el que era afecto al trago (al alcohol), solía decir en plena consagración: “sumaj, sumajpuni kanki”. Lo borrachos estropean la posibilidad de ser santos. Se están perdiendo la herencia. La santidad del matrimonio, hijos expuestos a las perversiones, el odio en los corazones, en un mundo donde se promueve lo sensacional, se habla muchos de los derechos y se olvidan los deberes, la decadencia moral, las falsas palabras de los “redentores del pueblo” (comunismo y socialismo). Soluciones llenas de mentira. En ese mundo tenemos el deber de ser santos.


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