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Reflexión del Domingo III de cuaresma, Año A del 2023

Actualizado: 11 mar 2023

1. La duda. Un día una mujer me dijo: "padre, tengo muchas dudas", "a veces pienso que Dios se ha olvidado de mi", "quisiera una prueba de que Dios me ayuda y está conmigo". Cuando pedimos pruebas a Dios, es señal de que dudamos. La duda no es otra cosa que la manifestación de nuestra inteligencia. Por eso, la duda ayuda al ser humano a encontrar certezas. Gracias a la duda hemos descubierto grandes verdades. Por eso dice san Agustín: "si dudo, soy". Por tanto, la duda es una herramienta valiosa que ayuda al progreso humano.


2. La fe. Cierta vez un buceador, a quien también le gustaba pescar, dijo: "a veces me gusta pescar con las manos en las profundidades del agua. Una vez atrapé un pez pequeño debajo de las aguas, luego vi otro que era más grande y, para pescar aquel, tuve que soltar el pequeño". Habitualmente, corremos el riesgo de conformarnos con aquello que conseguimos por medio de la razón. Pero, para alcanzar grandes cosas, hemos de dejar aquello que conseguimos por medio de ella. La vida no consiste solamente en celulares, iPhones, likes, redes sociales, chats, juegos virtuales, Tik Tok, selfies, facebook, WhatsApp, entre otros. No es sólo eso. Aunque eso significan el "pozo" y la "roca". De la dimensión física y virtual hemos de pasar a la fe. ¿Qué es la fe? "la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve" (Hb 11,1). A esta herramienta nos remiten personas como Moisés y Jesús. El primero, hace un signo, y da de beber agua al pueblo israelita. El segundo, ofrece "el agua que brota hasta la vida eterna". Entonces la samaritana le pide: "dame de esa agua para que no vuelva a tener sed".


3. La adoración y la alabanza. Jesús ofrece "el agua que salta hasta la vida eterna". Quien bebe de esa agua, nunca más tendrá sed. Esa agua la da Jesús. Por eso, a Jesús hay que alabarlo y adorarlo. ¿A qué hemos venido hoy? A alabar a Dios; a adorar a Dios. Cantemos todos: "yo te adoro Dios...". A Dios se adora en espíritu y en verdad. Todo aquel que invoca a Dios, no será defraudado. Con la alabanza y la adoración podemos transformar nuestra vida, podemos cambiar, para ser mejores personas, estudiantes, padres, educadores, servidores, al interior del pueblo de Dios. No dejemos de alabar a Dios; tampoco dejemos de adorarlo. Dios es nuestra fortaleza, Dios es nuestro valuarte, Dios es nuestra roca. Con su ayuda podremos ser los mejores hombres y mujeres de este tiempo. Así sea.

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